El quinto elemento

 En oriente y occidente, desde la antigua Grecia hasta la India y Japón, e incluso China, existía una corriente de pensamiento que establecía que la naturaleza estaba compuesta de cuatro elementos básicos: Tierra, aire, fuego y agua. Todos ellos se podían definir según su humedad y su temperatura. Así, la tierra es seca y fría. El fuego es seco y caliente. El aire es húmedo y caliente, y el agua es húmeda y fría.

  Desde que los presocráticos postularon sobre estos cuatro elementos, las civilizaciones posteriores han querido relacionarlos con muchos fenómenos, y trataron de crear paradigmas científicos basados en esos pilares de la biofísica más elemental para ellos.Un ejemplo fue Galeno, un médico griego (129 dC), el cual decía que la desregulación de estos elementos en el cuerpo humano provocaban enfermedades fundamentales a través de los llamados “Humores”: Bilis amarilla (fuego), bilis negra (tierra), la flema (aire) y la sangre (agua). La astrología, la medicina y el resto de ciencias, e incluso la filosofía, hicieron eco de este postulado, y corrieron ríos de tinta incluso hasta Shakespeare y Calderón de la Barca.

Hoy día incluso no ha muerto del todo, y siguen presentes, y buena muestra de ello es esta entrada que estás leyendo. Pues siguen estando presentes en nuestro mundo de una manera contundente. Me explico:

TIERRA

Terremotos y tsunamis que azotan el mundo de oriente a occidente y de norte a sur. Desprendimientos de tierra y movimiento de las placas tectónicas siguen a día de hoy modificando la vida humana, y por supuesto, el relieve de nuestro mundo.

AIRE

Huracanes, tempestades, tornados, ventiscas o tifones son formas de definir tipos de viento destructivas y que muchas veces se llevan la vida de innumerables personas en todas partes del mundo.

FUEGO

Incendios en el medio natural, en las ciudades, en los vehículos, naves aéreas y náuticas, y en todo tipo de lugares donde haya un combustible que quemar, provocan la muerte directa de miles de personas y animales cada año alrededor del globo terrestre.

AGUA

Maremotos, inundaciones, crecidas, riadas, y un sinfin de situaciones en las que entra el juego este elemento, se asocian también a la muerte de miles de personas y animales año tras año allá donde está presente.

Hace aproximadamente 10.000 años, se produjo un cambio climático que revolucionó la vida humana. Se acabó la era glacial y el clima pasó a ser más cálido. Proliferaron nuevas especies de plantas, los animales poblaban nuevos territorios y se extendían por la Tierra y, como no, el hombre dejó de peregrinar permanentemente en busca de alimentos, para asentarse, cultivar la tierra y criar el ganado. Con ello aparecieron los primeros poblados, después las ciudades, proceso que culmina hoy en las grandes urbes en las que vivimos. Ese momento es el que se conoce como “revolución neolítica”. Hasta entonces, estos cuatro elementos se presentaban de manera más aleatoria en el mundo de los humanos, puesto que no disponían de sentamientos permanentes. Pero cuando nos hicimos sedentarios, la cosa cambió. Nos pusimos a merced de estas fuerzas naturales. Estas podían destruir en cuestión de minutos todo el trabajo acumulado en meses o años, devolviendo al humano a un estado “salvaje” para el que hacía tiempo que ya no estaba preparado.

Esta realidad fue paulatinamente interiorizándose en las familias, después en los poblados y finalmente en las ciudades.Estas fuerzas extrañas azotaban las poblaciones con cierta frecuencia, y las víctimas fueron incontables. Además, debido a las desigualdades sociales y a la instauración de regímenes autoritarios basados en el vasallaje, surgían otros problemas de seguridad, de manera que los robos, los asesinatos y los saqueos de la propiedad privada comenzaron a ser frecuentes. Sobre todo cuando estas fuerzas naturales despojaban a alguien de sus propiedades. Por lo que, ante esta evidente falta de seguridad pública, en casi todas las ciudades sintieron la necesidad de hacer algo al respecto.

La solución adoptada en las civilizaciones avanzadas fue similar en todas ellas. El paso lógico que debíamos dar, si queríamos combatir esos cuatro elementos naturales, era contratacar con un “quinto elemento” que pudiera hacer frente a esos peligrosos enemigos, y estuviera dispuesto a arriesgarlo todo por salvarles. Un aliado incondicional que velara por ellos las 24 horas del día, los 365 días del año. 

A ese quinto elemento, al que desde entonces confiaron sus vidas, se le conoce como BOMBERO.

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