Estudios de revisión y recomendaciones sobre cáncer en bomberos

Si nos interesamos por este tema de la contaminación de los EPI y nos ponemos manos a la obra e indagamos sobre los estudios que se han realizado, podemos encontrarnos con más de 40 estudios sobre esta materia, con distinta metodología, hipótesis y planteamientos. Y, como no, resultados también dispares. De esta forma podemos darnos cuenta de que el conocimiento científico es acumulativo, y muchas veces nos encontramos con resultados dispares en estudios sobre la misma materia. La rápida progresión del conocimiento científico, y la accesibilidad de sus contenidos a través de Internet,  obliga a tener que realizar revisiones de la literatura científica que nos permitan tener un conocimiento actualizado sobre un tema de interés de una forma científica, como puede ser este que nos ocupa sobre la contaminación de los EPI. Cuando esto ocurre, se ponen en marcha otros recursos científicos, como son los estudios de revisión.

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No obstante, ante la abrumadora existencia de literatura científica sobre este tema se están haciendo dos cosas:

  1. Que alguien se lea estos estudios y saque las conclusiones por nosotros y nos dé el trabajo hecho, por ejemplo dando conferencias sobre el tema.
  2. Que se haga un estudio de revisión serio, que garantice la existencia del problema de forma estadísticamente significativa, y que esas revisiones nos lleven a otros estudios que comprueben la “causalidad”.

El caso 1 es una labor de “divulgación” que es necesario realizar cuando los estudios detectan algún tipo de problema. Más vale estar alerta y prevenir, aunque no se sepa exactamente cuál es el mecanismo por el que se produce el cáncer, el hecho es informar de que parece producirse, y por qué puede estar ocurriendo y tomar medidas. Sobre todo si se hace bien y no se utiliza esto como plataforma para ganar dinero y “fama” o “sacarle partido institucional” o de otro tipo.

El caso 2 se trata de algo más exhaustivo y que facilita la comprensión de la bibliografía al concentrar las conclusiones en un solo estudio, proporcionando un punto de vista holístico. Y es un paso previo para la realización de estudios más pormenorizados.


Los estudios sobre contaminación de los EPIs, antes de 2001 se centraron sobre todo en la “Exposición” a sustancias catalogadas como cancerígenas por la IARC. A partir de 2006, y ante la evidencia encontrada sobre la exposición, los estudios se centran en “el riesgo de cáncer y su incidencia”. 

Ahora, con más de 40 trabajos realizados, y antes de pasar a analizar relaciones de causalidad (o cómo se produce el cáncer y por qué sustancias o combinación de ellas), se están realizando estudios de revisión, en aras de mostrar los datos y analizarlos de una forma coherente y científica, y fácil de interpretar. Y de estos estudios de revisión se debería pasar a otros estudios que determinen las causas concretas y los mecanismos por los que se producen:

  1. Exposición a contaminantes (<2001)
    • Evidencias sobre los posibles riesgos para la salud
  2. Aumento estadísticamente significativo de la incidencia de cáncer (>2006)
    • Recomendaciones preventivas
  3. Relaciones de causalidad entre sustancias concretas y mecanismos bioquímicos o físicos concretos
    • Procedimientos de trabajo y medidas de seguridad e higiene laboral e industrial específicas

progresión conocimiento contam. EPI


Uno de los estudios de revisión más recientes se ha realizado en España (Fernández et al., 2016). Este trabajo ha revisado y analizado 20 estudios relacionados con la exposición  a sustancias cancerígenas y sobre cáncer de testículo y próstata en bomberos.

Las conclusiones que sacan son las siguientes:

  1. Las atmósferas de los incendios presentan múltiples y variadas sustancias tóxicas, aunque los perfiles toxicológicos son parecidos entre unas y otras.
  2. Dichos tóxicos contaminan los equipos de trabajo y pueden ser inhalados tras el incendio o pasar a la piel. La impermeabilidad de los trajes no es completa y se ha demostrado un “microambiente tóxico” entre el traje y la piel, que también favorece la penetración cutánea.
  3. Midiendo tóxicos y metabolitos en aliento y orina comprobamos que existe absorción sistémica de dichos tóxicos, pese a tener garantizado el aislamiento respiratorio.
  4. Parece que puede haber aumento de riesgo de cáncer de próstata y testículo en bomberos, por los estudios revisados. Un metaanálisis apoya esta posibilidad. La asociación con cáncer de próstata parece más consistente.
  5. No tenemos ningún estudio que establezca relación causal entre tóxicos del incendio y estos cánceres, aunque se sugieren varias posibilidades. Con lo revisado, no podemos conocer qué tóxico/s pudieran ser responsables de dichas patologías, ni siquiera podemos descartar que exista otra causa diferente de la toxicológica. Es probable que múltiples factores intervengan en su origen. Más investigaciones son necesarias para dilucidarlo.

Este último punto es muy importante. Sabemos que existe exposición a sustancias cancerígenas, que existe un cierto aumento de tumores en bomberos, que parece más claro en el caso de la próstata, pero ahora debemos analizar estos resultados para determinar qué sustancia/s son las responsables y si existen otros factores potenciadores (como podría ser el tabaco, enfermedades previas o la falta de higiene post-incendio) y establecer las medidas preventivas y correctoras adecuadas.

Además, este estudio señala lo siguiente:

  • Recientemente, el trabajo por turnos que supone alteración del ritmo circadiano ha sido designado como exposición carcinogénica del grupo 2A por la IARC (IARC, 2010). Algunos estudios apuntan a esta posibilidad, como motivo para el aumento de cáncer de próstata en bomberos (Ahn et al., 2012; Pukkala et al., 2014).
  • Un hecho que se ha sugerido como razón del mayor diagnóstico de cáncer de próstata en bomberos es que, probablemente, éstos se realicen screening con más frecuencia y más pronto que la población general (Pukkala et al., 2014).
  • El formaldehído se desprende más de trajes nuevos, pudiendo ser el empleado en la fabricación de las fibras resistentes al calor (Pukkala et al., 2014).

Tras la revisión, los autores nos hace las siguientes recomendaciones:

  1. Los equipos de protección deben ser empleados convenientemente, no prescindiendo de los dispositivos de respiración autónoma en ninguna de las fases de las tareas de extinción.
  2. Las ropas limpiarlas como indica el fabricante, con la frecuencia adecuada, no hacinarlas en espacios reducidos, poco ventilados ni en zonas de uso común.
  3. Extremar la higiene personal tras las intervenciones en incendios.
  4. En el caso de los simuladores de prácticas, emplear combustibles que resulten menos tóxicos, según lo revisado, sería propano.
  5. Realizar revisiones periódicas de la salud a fin de detectar precozmente patologías relacionadas con tóxicos expuestos.
  6. Con respecto a los fabricantes de equipos, buscar materiales y métodos de elaboración que no generen (o en la menor medida de lo posible) tóxicos perjudiciales que puedan ser absorbidos por los bomberos, como el formaldehído, sin que ello suponga perjuicio en su manejo o empleo.

Bibliografía

  1. Fernández-Rodríguez, M., González-González, M. P., Alonso-Martín, M. T., Carrizo, L. R., & Cortés Barragán, R. A. (2016). Contaminación de los equipos de trabajo y riesgo de cáncer de próstata y testículo, en bomberos. Medicina y Seguridad del Trabajo, 62(244), 241-262.
  2. IARC. 2010. IARC Monographs on the evaluation of carcinogenic risks to humans volume 98 painting, firefighting, and shiftwork. Lyon, France: WHO.
  3. Ahn Y-S, Jeong K-S, Kim K-S. Cancer morbidity of professional emergency responders in Korea. Am J Ind Med. septiembre de 2012;55(9):768-78.
  4. Pukkala E, Martinsen JI, Weiderpass E, Kjaerheim K, Lynge E, Tryggvadottir L, et al. Cancer incidence among firefighters: 45 years of follow-up in five Nordic countries. Occup Environ Med. junio de 2014;71(6):398-404.

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